Energía solar, un recurso promisorio (La Nación 30 nov 2014)

La Argentina está particularmente dotada para aprovechar la fuente energética que brinda el sol y debería usarla en mucho mayor medida lo antes posible

El uso de la energía solar se ha extendido en el mundo al impulso del desarrollo de tecnologías que la hace aprovechable a costos decrecientes. Los pronósticos auguran un crecimiento sostenido en el mediano y largo plazo, en competencia con las energías no renovables, tales como el petróleo, el gas, el carbón o el uranio.

Renovable y limpia, la energía solar está representada en la Argentina por dos parques de generación, además de miles de instalaciones residenciales o industriales menores que proveen agua caliente y en algunos casos energía eléctrica. El parque unitario más grande, en San Juan, cuenta con una potencia de 5 MW y está proyectado que alcance los 20 MW. El otro, el recientemente inaugurado en las Terrazas del Portezuelo, en San Luis, alcanza 1 MW de potencia y abastece la demanda de energía de los seis edificios que albergan al Poder Ejecutivo provincial.

Esto es sólo una parte de lo que debería ser. En efecto, nuestro país debe alcanzar, por ley, el 8 por ciento de generación de energía renovable y limpia a partir de este tipo de tecnologías para fines de 2017. No será posible. Excluyendo la hidroelectricidad, las fuentes de energía renovable hoy alcanzan apenas el 0,74 por ciento.

Sin embargo, la buena noticia es que en el país, y particularmente en la ciudad de Buenos Aires, el uso de la tecnología solar está en ascenso. Ése fue uno de los datos que arrojó la quinta edición del encuentro internacional Solar Cities, que se desarrolló en el porteño Centro Metropolitano de Diseño la semana pasada. Nuestra ciudad ha sido la primera en el continente americano elegida como sede para este encuentro mundial, que se inauguró por primera vez en Daegu, Corea del Sur, en 2004.

Sólo 19 de los 26 países de América latina cuentan con programas de electrificación de zonas rurales con energía limpia, como la solar. El fuerte crecimiento ya mencionado en la utilización domiciliaria e industrial ha contribuido a bajar los costos de inversión y funcionamiento de estas instalaciones. En muchos casos, la energía que se produce y no se consume en el propio hogar o edificio se puede “exportar” a la red.

Los especialistas reunidos en Buenos Aires para Solar Cities han coincidido en que no hay una sola tecnología salvadora y que el futuro está en la diversificación de la matriz energética. Nuestro país está particularmente dotado para la energía solar y debería aprovecharla en mucho mayor medida lo antes posible.

La crisis energética que enfrenta la Argentina hace indispensable que, además de la explotación promisoria de los yacimientos no convencionales de petróleo y gas, se avance hacia un modelo que contemple el uso de todas las energías renovables. Para ello es imprescindible que se definan y acuerden firmes políticas de Estado que propicien su crecimiento.

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